Crónica de otro final anunciado. Obediente a mi naturaleza, hablé de más, hablé de más de todos, de gente que ella "quiere" de los demás, y caí como caen las hojas en otoño, irremediablemente. Sin red de apoyo. No quiero echarle la culpa a Mercurio, a el Eclipse ni a esas mierdas. Bye. Creo que han sido demasiado red flags. Y las voy a enumerar: el regalo que nunca recibí, las gracias que nunca recibí después de ese regalo, el que nada más me busque cuando siento que le puedo ayudar en algo. Las risas tontas con sus amigas sobre el tema de los signos solares.
El interés que en ocasiones es escaso. No necesito sentir eso, la incomodidad de sentirse observada. Hasta yo la sentí. ¿Qué quiero leer? Una disculpa falsa, no estoy de humor ahora para eso. No quiero ser la Yolanda Saldivar, la loca que la observa y en dado caso la acosa. Tampoco quiero rogar cariño, amor, atención.
Se acabo la mirada cómplice, me llamó por mi nombre normal. Al diablo hay cosas que no son cómodas para mí tampoco. Intenté hacer una amistad, pero debo aprender a seguir este camino sola, no es nada nuevo para mi tampoco. Me da miedo verme con la mirada con la que ella me ve. La de asco. La de incomodidad. Me da pena ser siempre esa persona, la extraña, la anormal, la que no se ve normal, la que da miedo. Me pregunto si algún día dejaré de ser percibida de esa manera.
¿Qué es lo que me gusta de ella? Si físico, me encanta su físico, su cara, su mirada, y un poco su historia, pero tampoco por eso voy a estar aguantando cosas, voy a estar poniéndome de tapete. Siendo la lesbiana rara que me asusta pero me sirve.
Quiero estar en el papel de ganadora, al menos una vez en la vida. Al menos una vez en la vida.