Su padre iba conduciendo por la avenida central, el tráfico, la lluvia, los coches avanzando lentamente, la lluvia, las luces rojas cambiando a verde a través de la ventana húmeda con gotas esparcidas por el parabrisas. La música jazz en el coche. "Es hora de que aprendas a nadar" le dijo su padre, desesperado por el tráfico. "¿Por qué?" preguntó ella, pensaba que no venía al caso esa conversación en un día de lluvia. Aunque el común denominador fuera el agua. "Te viene bien hacer deporte". Después empezó a explicar la cantidad de beneficios que su cuerpo experimentaría por el hecho de aprender a nadar. Su padre pensaba que era el mejor ejercicio que podía hacer.
Sin embargo, para Mich que odiaba sentirse húmeda era el peor de los deportes. Ella prefería correr, jugar Basketball como Sandra, tenis, futbol, algo que estuviera al aire libre, donde se viera el cielo, las nubes, el contacto con otras personas sin necesidad de estar compartiendo los fluidos corporales en un mismo contendor de agua. Le parecía asqueroso, y más porque tenía pocos meses de conocer la regla y no quería lidiar con la sangre pintando la alberca de las clases. Le parecía asqueroso, grotesco, gore. Gore como las películas que su hermano veía en la televisión, las fotografías de escenas sangrientas en sus cuadernos, su locura.
No le dijo, nada, se quedo callada escuchando el saxofon mientras la gente en las calles se cubría con paraguas, saltana los charcos, se movia. El secreto era otro, Mich no sabía como lidiar con ello, como afrontar el hecho de que tenía miedo de estar cerca de otras niñas en traje de baño, mostrar su cuerpo y conocer el de las demás. Tenía miedo de no controlarse y sentir nuevamente aquello del verano pasado, cuando su corazón latía con fuerza y sintió unas ganas irresistibles de besar en la boca a Avril. No, no podía dejarse llevar de nuevo, esta vez no había nadie más que la detuviera.